miércoles, 1 de febrero de 2012

Extranjero en mi propia tierra


Esta tierra donde me tocó nacer no deja de sorprenderme. Cuando aún digería que somos el segundo país más feliz del mundo, ahora resulta que somos el primero en cobrar peaje para usar escaleras eléctricas.

El exotismo de este país inviable logra cautivar a todo extranjero que pisa nuestro territorio. Y la amabilidad de la gente es una de las facetas que más los impactan. Tan amables somos que a los criminales los tratamos de "don" y les creemos todo lo que dicen.

Debo aceptar que las opiniones de los forasteros que he conocido últimamente han cambiado mi percepción hacia mi país. Conocí personas de otras latitudes que luego de estar en Colombia querían quedarse. Dejarlo todo por venir a vivir en el mismo sitio al que constantemente me refiero como patria pútrida.

Varias veces les pregunté qué les atraía de Colombia, y las respuestas eran las mismas, la gente, el clima, la amabilidad. Por una hora me intentaron convencer de las bondades de mi propio país. Incluso comparando las deficiencias de sus propios países. Y fue allí que comprendí,  uno de los requisitos para valorar esta tierra es haber nacido lejos de ella. El afán por conocer otras culturas y regiones cuando no se conoce la propia transforma la novedad en atractivo.

Por eso de ahora en adelante seré un extranjero en mi propia tierra. A ver si a través de otros ojos se puede apreciar la verdadera belleza de la propia patria.

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