Esta tierra donde me tocó
nacer no deja de sorprenderme. Cuando aún digería que somos el segundo país más
feliz del mundo, ahora resulta que somos el primero en cobrar peaje para usar
escaleras eléctricas.
El exotismo de este país
inviable logra cautivar a todo extranjero que pisa nuestro territorio. Y la
amabilidad de la gente es una de las facetas que más los impactan. Tan amables
somos que a los criminales los tratamos de "don" y les creemos todo
lo que dicen.
Debo aceptar que las
opiniones de los forasteros que he conocido últimamente han cambiado mi
percepción hacia mi país. Conocí personas de otras latitudes que luego de estar
en Colombia querían quedarse. Dejarlo todo por venir a vivir en el mismo sitio al que constantemente me refiero como patria pútrida.
Varias veces les pregunté
qué les atraía de Colombia, y las respuestas eran las mismas, la gente, el
clima, la amabilidad. Por una hora me intentaron convencer de las bondades de
mi propio país. Incluso comparando las deficiencias de sus propios países. Y
fue allí que comprendí, uno de los
requisitos para valorar esta tierra es haber nacido lejos de ella. El afán por
conocer otras culturas y regiones cuando no se conoce la propia transforma la
novedad en atractivo.
Por eso de ahora en
adelante seré un extranjero en mi propia tierra. A ver si a través de otros
ojos se puede apreciar la verdadera belleza de la propia patria.
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